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INTRODUCCIÓN
Como alumna incipiente en estas lides (1), y dispuesta a
disciplinarme con una metodología rigurosamente
científica, seguiré sabiamente el consejo que me dan
mis profesores: de Malinowski, y de Kapplan y Manners, cuando me
dicen que debo situarme en el lugar de los nativos(2) (de las
mujeres, en mi caso) y que debo practicar la empatía (o
verstehen)(3) con los grupos que son objeto del estudio, lo que
significa, imagino, implicarme con mi sexo.
Sería un atrevimiento torpe, por mi parte, a
estas alturas, manifestar mi estupor sobre el "paternalismo" vigente
entre los académicos de la Antropología(4), así
que no lo digo(5).
Vaya por delante que las siguientes referencias a la
mitología lo son a la griega. Conviene alertar que, si bien
nuestra excelsa cultura es de origen helénico, a los griegos
les debemos también su doble pecado: uno, imponer el
patriarcado sobre una cultura matrilineal secular en todo el
Mediterráneo, renegando de sus propios ancestros, y el otro,
denigrar al sexo femenino colonizado como causa de todos los males de
la Humanidad, en un ajuste de cuentas histórico que demuestra
la fuerza anterior de la mujer y su evidencia a juzgar por la
violencia febril y patólogica con que las han venido
humillando hasta el presente. Basten con los ejemplos de Eva y de
Pandora. Hasta el mismo Hesíodo, en su manual de cómo
plantar rábanos en primavera, aprovecha, como es su
obligación, para soltar el exabrupto cuando menos viene a
cuento: "quien confía en una mujer, ése confía
en los ladrones"(6).
Dicho lo cual...
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... puede ser artístico, pero no
científico, lo que no se puede contrastar. Y como los mitos(7)
relatan hechos, valores, que por su antigüedad en su
mayoría no resultan contrastables, se les tilda de
"no-científicos" y, al hacerlo así, se comete el error
de ignorarlos, al tiempo que se rechaza cualquier hipótesis,
por fecunda que sea, por el mero hecho de basarse en terreno tan
superficial para la ciencia como es el de los mitos. Cuando lo
sensato, y sobre todo útil, sería interpretarlos,
dejarnos fascinar por sus relatos y arriesgar desde ellos
hipótesis que nos podrían orientar en nuestros
escarceos, palos de ciego(8), sobre nuestra evolución cultural
en sus orígenes, sin perjuicio de que tales hipótesis
no pudieran considerarse científicas hasta tanto no se
pudieran contrastar. Si así fuera, otro gallo nos cantara,
como en las líneas que siguen se intentará
provocar(9).
M.Harris opina que la filiación matrilineal
jamás ha implicado un matriarcado en la historia de la
humanidad(10). Lo cual no se sostiene si se acepta que la
matrili-nealidad, antes del patriarcado, además de un sistema
de filiación era inevitablemente un canal de la herencia del
acervo cultural, recogido en sus mitos y en sus rituales, y
sólo podría gobernar quien tuviera estas claves de
supervivencia. La custodia y transmisión de estos valores (la
experiencia acumulada de los antepasados) obligaba sin duda a
organizar y gobernar, de un modo tan natural que es posible que ellas
mismas no se percataran. Este es el empeño de estas
páginas. Incluso pueden sugerirse fechas: conocemos la llegada
a Grecia de los valores patriarcales con los dorios alrededor del
2.000 a.d.n.e., aunque les costó más de un milenio
imponerse en todo el Mediterrá-neo. Y fijando la línea
de partida en el momento en que fuimos capaces de ejercer cierta
capacidad de abstracción -con la inhumación de los
cadáveres, por ejemplo, que revela la creación del
primero de los mitos: el del eterno retorno, en el año 200.000
como mínimo-, si así fuera, el varón ha venido
gobernando un 4.000/200.000, esto es un 2% del total de nuestros
tiempos. Y hay que ver cómo gallean.
Dos son los temas que, a título de ejemplo,
pretendo comentar, utilizando los mitos como fuente: uno, la
institución de la matrilineali-dad, sistema de
filiación que implicaba un matriarcado antes de la llegada de
la cultura patriarcal, a pesar de la cual aún sigue vigente
como sistema de filiación en numerosas tribus primitivas; y el
otro, la evolución del tholo (tumba griega en el vientre de la
madre Tierra) a palacio sacrificial y luego templo, en paralelo con
el cambio de la magia en su contrario (la religión), al tiempo
y como efecto de la sustitución de la matrilinealidad por el
nuevo, reciente, patriarcado. Y todo ello con los mitos de
guía y como fuente. Las consecuencias de prestar oído a
esta osadía no se harían esperar, pues su
aceptación haría tambalearse algunas tesis y puntos de
partida ampliamente aceptadas en la actualidad(11).
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1. La MATRILINEALIDAD (repetimos: no sólo como
filiación sino como canal de la herencia del acervo cultural
que, al incluir los mitos, implica el ejercicio de la autoridad) no
es solamente un hecho, una realidad reiterada en los mitos (por
más que desde filólogos como A.García-Calvo
hasta el propio C.Lèvi-Strauss(12), pasando por la gran
mayoría de los antropólo-gos, se dé por supuesta
la relación de pareja monogámica, con papel relevante
del varón, desde los tiempos más remotos), sino que
debería ser un axioma, por su necesidad, de sentido
común, como ahora se verá:
1.1. Las largas ausencias del varón, cazador bajo
el sol del mediodía, para evitar competir con otros
depredadores, según la hipótesis de Fiatkwoski(13) -con
la consiguiente duplicación de la masa cerebral, caída
del pelo corporal por el desarrollo de las glándulas
sudoríparas, con las que conseguimos la caza mayor por
agotamiento de las presas, exhaustas tras ininterrumpida
persecución en grupo desde el Homo Erectus-, tan largas
ausencias habrían dejado expuesto a todos los peligros a su
grupo si las que permanecían en él, las madres con las
crías, no lo hubieran sabido gobernar, no lo hubieran podido
gobernar, no lo hubieran, de hecho, gobernado. Y digo bien, madres,
organizadas en grupos ya que, "dado el período de dependencia
infantil (humano, hablando del Homo Ergaster) más prolongado
que en los antropomorfos, difícilmente una madre podría
hacerse cargo, ella sola, de varias crías al mismo
tiempo"(14).
1.2. La ignorancia del varón sobre la
relación entre el parto y la cópula, desconocida hasta
recientemente (no más allá del magdaleniense), de lo
que los mitos dejan continua constancia haciendo de Bóreas (el
Viento del Norte) y del agua los fecundadores de la mujer (los
genitales de las hembras humanas y animales se exponían hacia
el norte para quedar embarazadas), no pudieron ni siquiera dar pie a
la posibilidad de filiaciones patrilineales durante millones de
años, al desconocerse el papel del varón en la
progenie, por más que se quisiera utilizar el término
"padre" no como progenitor sino en el sentido de protector y
aportador de la caza a los "hijos de la hembra", vocablo que en todo
caso induciría inútilmente a confusión.
1.3. La indiscutida práctica, desde remotos
orígenes, de la exogamia, unánimemente admitida
cualesquiera que fueren los motivos -biológicos,
ecónomicos, políticos- que la expliquen, en el mito
convierte al varón en extraño de la tribu
territorialmente aglutinada por las madres y las crías. Por
sólo citar un ejemplo, los siete primeros reyes de Roma, desde
Rómulo y Remo, según nos informan muy
creíblemente los mitos, los siete primeros reyes de Roma
fueron extranjeros. (Como lo será Edipo vivo, en Tebas, y
luego muerto, como protector de Atenas. O Aquiles, mirmidón,
del totem de la hormiga en Egina, convertido en rey-caballo en
Tesalia. Y así todos, absolutamente todos). Extraños a
una cultura que, según Lèvi-Strauss, no es sino un
mundo de "símbolos compartidos".
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Pues bien, el extranjero, por más que se quiera
especular sobre su adaptación al nuevo medio que le acoge
-para lo cual ha der ser adoptado mediante rituales que incluyen el
paso a gatas por debajo de las piernas de la representante de las
madres de la tribu, o mediante el bautismo, simulando un nuevo parto
al "romper aguas" dentro de la tribu-, el extranjero ni conoce la
lengua de su nueva familia, ni sus mitos, ni sus derechos ni sus
obligaciones, ¿cómo entonces se le puede presumir tan
gratuitamente capacidad de gobernar?, suposición ésta
incontrovertida, pero tal vez explicable por la miopía
intelectual de una clase antropológica científica
tradicionalmente poco dispuesta a interpretar instituciones arcaicas
fuera del contexto patriarcal en que sigue inmersa.
1.4. La maldición bíblica que
arrojó del paraíso a Adán y Eva fue
acompañada de un eficaz lenitivo: el poder de dar nombres a
las cosas. Poder que nos daría el dominio sobre todas las
cosas. Poder que las madres se encargaron de desarrollar.
Desconocemos el nombre real de la ciudad de "Roma", que
sólo conocían los Sumos Sacerdotes y que supieron dejar
de desvelar. Nada hace más vulnerable al individuo que el
conocimiento de su nombre por extraños. Evans-Pritchard sabe
algo de ello y Peacock lo cuenta cuando habla del trabajo de campo de
aquél con los nuer en Africa(15). El motivo es que el nombre,
que la madre guardará en secreto nunca desvelado -para
proteger al nacido a quien le da un segundo nombre por el cual pueda
atender-, como su pelo, su imagen, sus uñas, su huella sobre
el suelo al andar(16) o la sombra que proyectamos bajo el sol, son
elementos del individuo que como tales forman parte de su
espíritu que cualquiera por magia de contacto, o
mimética, podría utilizar para dañarle. Siendo
así, la madre tendría que eliminar de su lenguaje la
palabra con que denominó a su hijo (nombres comunes,
normalmente), si no quería que cualquiera que pudiera
utilizarla, en cualquier otro contexto, fuera contaminado por el
espíritu de quien lo poseyó, después de
muerto.
Simple cuestión de magia. Con la magia el ser
humano consiguió su dignidad y la eficacia(17),
¿cómo, si no, nos habríamos atrevido a cazar un
bisonte?, si no lo hubiéramos cazado antes en pintura (su
espíritu), haciendo así posible convertir la
utopía en realidad, tal fue el entusiasmo y el grado de
autoestima que la magia impregnó en nuestro primitivo y
apocado espíritu animista.
La sustitución de los nombres por las madres,
tabuando aquéllos con que denominaron al hijo fallecido, con
el fin de evitar que cualquiera pudiera utilizarlos y ser
dañado por el espíritu del muerto, tuvo, pues, que ser
continua y controlada. La renovación consiguiente del
vocabulario tuvo que obligar a un desarrollo del lenguaje como ahora
no podemos ni siquiera imaginar.
Y el tremendo poder sobre este tema, poner nombres, lo tenían las madres! Y ya sabemos que el pensamiento (el juicio, raciocinio, no la simple abstracción) sólo fue posible después de poner nombres a las cosas. Nada "existe" si no tiene antes un nombre con el que poder reconocerlo(18). En principio fue el Verbo (logos hablado).
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1.5. Si la magia fue una actitud de "¡basta
ya!"(19) ante los daimones (fuerzas naturales) que puso en pie de
guerra al ser humano en su defensa contra la agresión, primero
de los cataclismos y otros peligros de la naturaleza y posteriormente
de cualquiera que pudiera hacernos daño, el primer instrumento
fue medirlos, para poder controlarlos, predecirlos. Y entre los
primeros, el calendario, hace 40.000 años. Me refiero a
instrumentos mentales inventados por el hombre, por lo que
aquí descartamos otros instrumentos materiales como el tallado
de piedras o el control del fuego.
Pero con el más simple calendario dominamos nada
menos que el tiempo y el espacio. Un recorrido espacial estaba a "x"
lunas (temporales) de viaje. Un solsticio (temporal) se situaba en el
horizonte en un punto del espacio determinable mediante menhires
extremos que servían de referencia. Cien lunas
(períodos lunares) equivalen a ocho años, medida
difícil de utilizar. Por ello se utilizó el
"año" de cuatro años (por Olimpiadas), cuyo
número de lunas, 50, les sirve a los mitos para situarnos en
épocas de calendario lunar, esto es, de tribus matrilineales
(por contraposición al patriarcado que se inicia con el
calendario solar)(20). Pues bien, en nuestros templos todavía
se representa a la divina Madre con la luna a sus pies, como claro
atributo de su sexo. Y es natural que fuera la mujer la que usara el
calendario y la consiguiente actividad de predicción (la
pitón-isa de Delfos antes de ser desahucia-da por Apolo), pues
tales instituciones sólo podían desarrollarse por
quienes, con su continua presencia y desvelo, daban estabilidad a las
instituciones de la tribu.
1.6. Y, como no podía ser de otra manera,
fué también la mujer la primera que practicó la
medicina (por añadir algo concreto, pues si admitimos que tuvo
que hacerlo todo, resulta innnecesario reafirmarlo por parcelas). Y
si no, ¡cómo se explica que en medio del santuario de la
medicina griega, Epidauro, en pleno centro se halle un tholo, la
entrada al vientre de la madre Tierra! Pues porque todas las culturas
colonizadoras ejercen sus valores sobre la infraestructu-ra,
física o moral, de la colonizada(21). Y en Epídavros,
señores, se ejerció la medicina desde muchos tiempos
antes, presididos por el tholo en pleno centro del mismo
santuario.
La arcaica medicina practicada con hierbas medicinales,
junto con la música y el sueño, fue homeopática.
(La moderna medicina de fármacos para curar resulta
sospecho-sa frente a la "preventiva" cuya práctica más
eficaz sigue siendo la homeopática: vacunas). El primer veneno
antídoto (homeopático) de la serpiente convirtió
a este animal en respetado y sagrado en todas las culturas, en tal
grado que sólo así se explica su denostación y
asco provocado por la nueva cultura patriarcal. Pues bien, en
nuestros templos hoy día todavía se representa a la
divina Madre con la serpiente a sus pies, como claro atributo de su
sexo, aunque tergiversada por la censura patriarcal que la culpa
falazmente de ser el origen de todos nuestros males.
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La Atenas de Palas, cuyo totem ancestral había
sido la serpiente, en el siglo de Pericles era representada
todavía por un animal, la lechuza, aunque antes fue cabra (la
piel de origen libio, la égida, que otorgaba a la diosa su
eterna juventud). Por otra parte, la serpiente (también
representada en el caduceo de Hermes ¡y que aún persiste
en el logotipo de nuestras farmacias!), procedente como todo lo vivo
del subsuelo, con sus periódicos cambios de camisa simbolizaba
el eterno retorno...
1.7. ...el eterno retorno..., ¿hay mito más
repetido en todas las culturas ni más femenino que el eterno
retorno?, la serpiente-dragón que se muerde la cola.
Del subsuelo de la tierra surge la vida. Pero el
árbol y la mata no vivirían si antes no hubiera muerto
la semilla que da origen a esa vida. Es la noche la que precede al
día, y así lo dice Homero en la Ilíada, la
Muerte la que precede a la Vida. Novare aut perire es más que
un simple cambio, es perecer previamente si se quiere nacer. Del
vientre de la madre (Tierra) surge la vida y al vientre (tholo) de la
tierra devolvemos los cuerpos de los muertos para que puedan dar
origen a una nueva vida. Si inhumamos nuestros cadáveres desde
hace más de 200.000 años, repetimos, ya entonces
conseguimos la magnífica abstracción -llamémosle
por su nombre: mito- del eterno retorno.
El eterno retorno transciende de su origen vegetal para
explicar los ciclos temporales. Cuando el sol llega al solsticio de
invierno hay que forzarle (¿cómo? cómo ha de ser,
por la magia) a retornar por su mismo recorrido anterior del
horizonte. El titánico rito/mito de Ixión, presente en
muchas culturas, en el que se hace rodar un aro de fuego (el sol) por
la ladera de un monte a fin de obligar al mismísimo sol a
imitar su recorrido de retorno, para que así, después
del invierno vuelva siempre el verano, parece que tuvo éxito,
a fe que lo consiguieron, y gracias a la magia de nuestros ancestros,
las estaciones pudieron repetir cada año su eterno retorno, de
lo cual todavía seguimos disfrutando (¡hay que ver la de
cosas que se hacían en tiempos de mi madre!,
¿quién se atrevería a decir que los mitos no son
más que relatos de cuentos?) Y nosotros buscando nuestras
raíces, o diseñando nuestro árbol
genealógico.
Los triángulos encontrados entre restos
arquelógicos en dólmenes y otras excavaciones tienen
funciones mágicas (agrícolas, de fertilidad). La delta
griega, D, el triángulo, es el símbolo por excelencia
femenino, y su significado es demiúrgico: creador (y para
remacharlo, mediante la observación de los pájaros, la
madre-augur podría predecir -¡y con ello "provocar"!- la
llegada de las nuevas floraciones, al ver llegar las aves ¡en
formaciones triangula-res!, por asociación). Es fácil
derivar este signo D, el trángulo, del pubis de la madre, del
que surge la vida en cada alumbra-miento (dar a luz: salir del oscuro
vientre), aunque alguna religión lo utilice para representar a
una Trinidad, de origen sospechosamente triangular. Si se quiere que
un campo dé una buena cosecha, plántense en él
figuras triangulares y por arte de la magia de contacto y
mimética, ya verá qué bien le irá. Las
125 Venus embarazadas del gravetiense, de hace 30.000 años,
triangulares, dan fe de la inducción a fecundar la tierra con
instrumentos femeninos que ignoran el concurso del varón(22).
La magia funciona por asociaciones. Y ya que hablamos del
triángulo, expliquemos que los griegos conocían tres
números -no dos, como nosotros-: el singular, el dual y el
plural, correspondientes a los números 1, 2 y 3. Dos no es
singular pero tampoco es plural, pues, remachando el léxico de
Lèvi-Strauss, el griego no concebía ningún
concepto sin su contrario, ni nada es bello o mayor si no hubiera un
feo o menor. "Tres" significa "plural", remontándonos a
tiempos en que aún no habíamos realizado el tremendo
esfuerzo intelectual que implicó superar el número
4(23).
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Y tres (muchas, muchas, infinitas, tantas como
realidades quepan, como necesidades aparezcan) será el
número de la madre Tierra, pues en número de 3
(más adelante 9, 3x3) se manifestará en todas sus
epifanías: tres eran la Gracias, tres las Musas, tres las
Estaciones, tras las Horas, tres las Grises, tres las Harpías,
tres las cabezas de la Hidra..., como tres serán las veces,
tres-tres-tres, que Héracles llama a su desaparecido efebo
Hilas para conjurar su peligro de muerte.
Lo que de un modo erróneo, pero que aceptaremos
para hacernos entender, llaman poli-teísmo, en
contraposi-ción del monoteísmo patriarcal, aunque el
término correcto sería el de polimorfismo en las
manifestaciones de la diosa(24). Pues el poli-teísmo es tan
propio de la época "pagana", matrilineal, como el
monoteísmo -monógamo, monocorde, monótono,
mono/todo- lo será de la cultura patriarcal, como veremos al
tratar de religión.
La madre-Tierra, pues, era triple, tres-tres-tres,
MADRE-VIEJA/MAGA-DONCELLA. Y como hoy ya sabemos contar más,
"muchas" no se dice "tres" sino más de 3.000 advocaciones de
la Virgen María, MADRE de Dios, solamente en España, y
hasta las hay de diferente color.
Pues bien, si los ritos de nacimiento y muerte(25)
(perdón, de muerte y de nacimiento) eran función,
atributos, de las madres, y prueba de ello es que siguieron
siéndolo en tiempos patriarcales, ¿qué
podía quedar fuera de su jurisdicción? Mitos, nombres,
pues, y magia y el calendario, y asambleas y tribunales, y
añádanse más funciones, todas las que se
quieran, eran propias de las madres, y así nos lo
enseñan los mitos... sencillamente porque no podía ser
de otra manera.
Y ya basta. Que tanto hurgar buscando las parcelas de
funciones de las madres nos convierte en sospechosos de dudar de
nuestro aserto general.
Y así estaban las cosas. Y así fueron,
como siempre lo habían sido. Hasta que un día
cambió...
...y he aquí que un resplandor celestial varonil
se cernía amenazador por la derecha usurpando, para empezar,
dos funciones, la magia para la caza y el calendario solar
después, en un golpe de estado que..., pero ésa es otra
historia que merece trato "aparte", no sea que se contagie por magia
de contacto.
2. El PATRIARCADO reciente se inserta en un proceso que
va del sacrificio a la ciencia, del tholo al templo, de la magia
teriomórfica a la razón lógica, del rito a la
religión, del calendario lunar al solar, de los mitos a las
leyes, de la tribu consanguínea a la ciudad territorial. Y
mediante un instrumento, el matrimonio, que si el varón no lo
inventó, bien lo supo aprovechar.
No acierta Lèvi-Strauss cuando afirma, y con
cierta razón, que no ha ocurrido nada digno de mención
en la historia humana después de la gran revolución
neolítica realizada con la agricultura intensiva tras su
domesticación(26). Ocurrió algo importante, el cambio
de estructura tribal femenina a otra de carácter
patriarcal.
Si cuando antes hablamos de los mitos dijimos que nos
referíamos a los griegos, al hablar ahora de
colonización de la cultura matrilineal por otra patriarcal hay
que señalar que nos referimos a las culturas
mediterráneas, que es lo que conocemos. Evidencias tenemos de
las mismas, y en especial de Samos, Lesbos, Creta, Libia,
Baleares...(27).
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La fecha y el lugar de la colonización del
Mediterráneo, recordamos, son el segundo milenio a.d.n.e con
la entrada de los dorios indoeuropeos en Grecia en el 2.000 (el
caudillaje y la ciudad amurrallada ya se conocían más
de mil años antes en Asia Menor). La simbiosis entre las dos
culturas sufrió un proceso de otros mil años, con
especial virulencia entre los años 1.100/800(28), alcanzando
su apogeo entre los jonios de Atenas y de la costa de Anatolia en el
siglo IV de Pericles, donde explotan el arte y la filosofía, y
con ésta la ciencia y la tecnología. Los dorios
traían consigo el calendario solar, más preciso que el
lunar, lo que les permitía predecir(29) (y así
"provo-car") las lluvias (30), y sus lanzas de hierro se impusieron a
las lanzas de bronce de los nativos pelasgos.
La luz celestial doria del día se impondrá
a las sombras de la noche terrenal mediterránea, la
lógica a la magia (no del todo todavía), la convivencia
territorial (demos) a la tribu consanguínea matrilineal. El
roble indoeuropeo de Zeus, más alto que la encina
mediterránea de Hera, atrae mejor los rayos y es por tanto
mejor fuente del fuego controlado, y ello le ayudará a
desahuciarla de su secular santuario en Dodona. Los nuevos dioses
(valores) serán llamados uránidas (celestiales), y su
mejor representante terrenal sera Héracles, el gran
héroe dorio solar cuyos doce trabajos tendrán como
objetivo principal borrar de la faz de la tierra las tradiciones
matrilineales, en un periplo lleno de contradiccio-nes (sus
hazañas se contarán con números 12 solares, y
lunares como el 50 y el 3).
En cuanto a la vieja "diosa" las instrucciones son
claras: del infundio al exterminio. El subsuelo de la tierra es
negro, sin luz, y se encuentra a la izquierda, mejor dicho, en lo
siniestro, en occidente (Tártaro, tar-tar, al "oeste del
oeste"). Cuando el viejo sistema, el de siempre, fue colonizado por
el nuevo patriarcado, utilizando los contrastes binarios
comprobaremos que en los opuestos: Femenino/mas-culino, la Madre/el
padre, la Noche/el día, la Muerte/lo vivo, la Siniestra/lo
derecho, la Oscuridad/el resplandor, la Tierra/el cielo, la Luna/el
sol, la Serpiente/el águila, Naturaleza/cultu-ra, la
Magia/¿la?(31) Razón..., los términos de la
izquierda han sido denostados de siniestros, repugnantes, debiendo
ser domeñados o ignorados por evidentes razones de salud
pública. (Ni Artemisa puede permanecer con Hipólito
cuando le llega la hora de la muerte, ni en la isla de Delos -cuna de
Apolo, máximo representante de la nueva cultura patriarcal,
protector de la salud y de la medicina- jamás se
permitía que nadie enfermara y mucho menos muriera)
Sirva como ejemplo éste sobre la infamante y
falaz censura patriarcal contra todas las instituciones, rituales y
creencias que lo fueron en los tiempos anteriores, con una eficacia
tal que seguimos admitiéndolos sin criticar: las tres "diosas"
de los vientos son bellísimas, tanto que su padre se llamaba
Maravillas (Taumante). Una de ellas, Iris, se nos muestra en un arco
celestial cuando llueve haciendo sol. Imaginen las demás. Pues
bien, ¿saben cómo se llamaban?, las Harpías. Y
compárese su imagen con la impuesta por Apolo y sus secuaces,
haciéndolas figurar como horrendas, pestilentes...,
siniestras, y aquí seguimos todos sin que nadie se atreva a
rechistar.
Veamos el proceso, que es el mismo que el proceso de la
emancipación del rey sagrado escapan-do del sacrificio -ya no
tan voluntario- para erigirse en monarca-caudillo hereditario en un
nuevo contexto jerarquizado y urbano.
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2.1. Del sacrificio a la ciencia, de la tenebrosa muerte
a la luz de la vida, del triángulo fecundo a los abonos
químicos, nadie pone en duda los progresos del imperio de la
lógica y de la abolición del sacrificio que, perdida la
razón de sus orígenes, había derivado en el
"asesinato" colectivo anual del fármakos ("chivo expiatorio",
en principio el más excelso, por seguir una desconocida
tradición, y al final el criminal de turno o el más
feo, como llegó realmente a ocurrir, pasando por el "asesinato
sacrificial" sin sentido de niños y mujeres).
Retomemos, sin embargo, el mito del "eterno retorno" en
el punto en que la muerte es origen de la vida. La guadaña que
blande la Muerte no sirve para segar vidas (¿una hoz para
matar?) sino para recoger pingües cosechas. En esta perspectiva
resulta indudable la bondad del sacrificio voluntario si la muerte
del "mejor", el rey sagrado -el más joven, el más
fuerte, el más vivo-, da vida al colectivo. No otro nos parece
el origen del totem (representación del colectivo) cuyo
ágape anual es la comida (teo-fagia) del ancestro(32), de cuyo
espíritu y fuerza se impregna la tribu(33).
Pues bien, si una cultura es tanto más
"civilizada" cuanto más se sacrifica una generación en
favor de la siguiente, ¿cuándo fue el ser humano
más civilizado que cuando voluntariamente se competía
por morir, por ser sacrificado, en beneficio de su grupo? Porque eso
y no otra cosa eran los sacrificios cruentos, a cuyos espectadores
había que controlar para que no se emascularan también
ellos -tal era su entusiasmo- y arrojaran sus genitales a los surcos
como harían con los del "mejor", una vez sacrificado.
2.2. La tumba-pirámide emergió del
subsuelo. En la evolución que llevó del tholo al templo
(pasando por el intermedio del palacio-observatorio
astronómico con altar sacrificial y cámara mortuoria)
comenzamos por aligerar la tumba del lastre de la tierra, dicho sea
tanto en términos físicos como en sentido figurado.
Ahora bastaba con echar un poco de polvo de tierra sobre el muerto
para conseguir así el beneficio de la inhumación, como
hizo Antígona sobre el cadáver de su hermano Polinices
a las puerta de Tebas, siendo por ello luego condenada. El polvo que
se echa sobre las cabezas de los fieles el miércoles de ceniza
recuerda su origen y el mito del eterno retorno. "Sit tibi terra
levis" no debe ya traducirse textualmente como que "te sea leve la
tierra (encima)", o que no te sea gravoso el haber muerto, sino
más bien que basta un simple puñado de polvo para
cumplir con este ritual de inhumación, de morir para poder
renacer, cambio de status.
A medida que emergía del subsuelo, y cumpliendo
su función de vaticinio(34), el dolmen-tumba se orientó
hacia puntos cardinales para medir los solsticios, deviniendo
después en palacio del rey sagrado con altar sacrificial para
llegar luego a templo, del que los dioses olímpicos
desterrarían los sacrificios (que ya no eran humanos, sino de
animales, ya no totémicos) al exterior del santuario, y que
luego las religiones los recuperarían reinstalando los altares
dentro de los templos(35).
Pero la nueva cultura se asienta sobre viejas
tradiciones, por más que se quieran ocultar y degradar.
Así, reinstaurada la institución de la Olimpiada
cuatrienal, quizá se desconozca que en su origen las
Olimpiadas eran juegos agonales (funerarios), en loor del fallecido,
como celebración del fin de su ciclo vital, con una
aproximación natural a la muerte propia de los tiempos
ancestrales.
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2.3. Y pasamos de la magia a la razón, aunque
menos de lo que se debiera y se pregona. La relación ya no
será de asociaciones sino de causa-efecto. Previo un curioso
proceso teriomórfico:
La dependencia de la caza mayor -que conseguimos
ayudados por la magia- hizo derivar al totem de árbol, o monte
o piedra o nube, a figura de animal (teriomorfismo)(36) y el ritual
pasó a ser una función de los chamanes (origen de las
máscaras), cuya cabeza del animal totémico
perdurará en Egipto, más reacio a los cambios, mientras
en Grecia progresará a la inversa, con cabeza humana y cuerpo
de animal, en un proceso de antropo-morfismo que dará a los
dioses olímpicos su figura humana(37). Y así la magia
para la caza fue asumida como función por el
varón.
El animal sacrificando que encarnaba el ancestro(38)
sería el de más vida, distinguido de los demás
por una corona que lo marcaba como tabuado (sagrado), con especial
cuidado de que no se hiciera ningún daño hasta el
momento anual del sacrificio, ya que cualquier mal que le aconteciera
repercutiría en toda la tribu(39). Con la razón, sin
embargo, caerán las máscaras. Caigan:
2.4. Del rito a la religión, de los ritos
mágicos a la liturgia religiosa. Dios ha sido creado por el
hombre a su imagen y semejanza. El invento de dios es fruto de un
proceso que comienza con la objetivación del espíritu
del muerto (por el remordimiento de los que le sobreviven)(40),
encarnación del mismo en el totem de la tribu,
asimilación totémica del rey sagrado que, al morir,
queda inmortalizado como héroe (protector), y luego divinizado
como inmortal benefactor.
Sólo quedaba elevarlo a Dios único,
creador y redentor (del complejo de culpa, del pecado original). Por
otro lado, el desarrollo del tholo a templo, el cual con la
religión recobraría su lúgubre aspecto original
funerario, con altares donde de nuevo se realizarían
sacrificios cruentos (por más que de carácter virtual),
había abierto sus puertas a unos nuevos inquilinos, la casta
sacerdotal, que anatematizaría desde sus púlpitos a
quienes no se humillaran sumisos ante su dogma y su moral.
Sólo quedaba acomodarse con la clase dominante para, mediante
el terrorismo de conciencia y una estructura policial centralizada,
reprimir la fuerza del trabajo por mor, eso sí, del
interés general... Y a mayor gloria de Dios se
cometerían los crímenes más horrendos en la
historia de la humanidad, desde la Inquisición a las guerras
santas, pasando por la castración (fisiológica y
mental) de sus creyentes, como premio a su fidelidad. Es así
como el concepto de dios cobrará toda su fuerza cuando se haga
religioso con el monoteísmo, con el cual coherentemente se
fundirá/confundirá.
___________________
Conviene discutir ciertos conceptos. Asi, por ejemplo,
el de "religión politeísta" que no cabe, por
incoherente, por contradicción en los propios términos,
ya que el poli-teísmo es mágico (lo contrario de lo
religioso, el grito de ¡non serviam! fue el origen de la magia),
mientras que con el monoteísmo sí llegó la
religión(41). Lo que quiere decir que no hay religiones fuera
del monoteísmo. Que "religión monoteísta" es una
redundancia, porque religión y monoteísmo son lo mismo.
Que toda religión es monoteísta. Que el
poli-teísmo nunca ha sido religión.
Los católicos, vga., practican cultos religosos
que en realidad son prácticas mágicas (transportan
imágenes para hacer llover, rezan para que ocurran cosas...,
que encajan en el marco de una "religión" femenina y como tal
poli-teísta(42), pues no adoran un concepto abstracto como es
propio del monoteísmo sino innúmeros iconos concretos
entre los que sobresalen muy por encima los de imagen femenina), sin
importarles que la magia practicada en la época actual,
racional, ya no es magia sino superstición.
No es admisible, pues, que la gran mayoría
insista en la necesidad del sentimiento religioso por el ser humano
desde sus orígenes. No, jamás lo ha sentido. La
religión es una superestructura mental impuesta por las
metrópolis a sus territorios conquistados a fin de derrocar
sus dioses nativos y así poder integrarlos por
subordinación, utilizándose luego por la clase
dirigente para obligar al campesino o "ciudadano" a la
sumisión al poder jerarquizado. Y todo esto ocurrió
recientemente, allá por el año 1.364 a.d.n.e. con el
egipcio dios Sol de Akenatón(43). Menos de aquel 2% del tiempo
que llevamos desarrollándonos como humanos, en una
evolución cultural más que biológica.
La religión no nos viene de los griegos sino a
pesar de los griegos. Los dioses olímpicos, ya
antropomorfos(44), son todavía meros valores protectores que
aglutinan a los ciudadanos en torno a su ciudad, no dioses religiosos
como erróneamente de nuevo se les quiere calificar, pues en
Grecia no hay dogmas ni casta sacerdotal: al difunto le celebra las
exequias el amigo o pariente más cercano, a Patroclo su amigo
Aquiles, a éste su hijo Neoptólemo. Cuando
después de la humanización de los dioses por Homero en
La Ilíada se les falte el respeto que ya no merecen en una
sociedad racional, aprovechando los saldos y rebajas los nobles
emularán al antiguo rey sagrado erigiéndose sus tumbas
y en héroes protectores de su estirpe.
Usurpado el poder sobre la magia (por la caza y el
tallado de las armas) y sobre el vaticinio (el calendario), el
varón se aprestará a gobernar como monarca. A tal fin,
se casará con su hija o con su hermana, para poder sucederse a
sí mismo dentro de la legalidad(45). Inventará el
sacrificio de los niños (por más vitalidad?), de
extranjeros (pretendiendo acrecarse a los orígenes?), en
efigie (sigue viegente la magia), y por fin de animales desligados de
su origen totémico ancestral, llevándose a la tumba
consigo a su mujer, sus esclavos y caballos, y otras pertenencias
personales para acompañarle en su viaje (o quizás para
que su espíritu nos deje en paz).
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2.5. Del calendario lunar al solar. El dolmen-vagina,
con la cámara-útero en el fondo de la tumba, proclama
su función de calendario (vaticinio) al orientarse hacia
puntos cardinales que permitan medir los solsticios(46), deviniendo
después, con el año solar dorio, en tumbas suntuarias y
monumentales, pirámides o mausoleos que retienen su
función de observatorios astronómicos.
El calendario solar es más preciso. El
número 12 sustituye al 50. El mes 13 lunar sobrante
será declarado nefasto y todavía ese número se
evita como la peste. El Sol dorio se impone y da nombre a los
héroes solares que tardarán varios siglos en
domeñar la cultura secular matrilineal: de Perseo a Teseo,
pasando por Jasón, Belerofonte, Aquiles, Agamenón,
Meleagro, Cadmo, Edipo, Menelao, con Héracles a la cabeza... y
Odiseo, sobre todo Odiseo, que eleva el engaño a paradigma. A
las múltiples teorías sobre el "campo de los mitos"
(familia de los dioses, naturaleza/cul-tura, emigraciones, cambios de
status...) cabe añadir una más: el contenido de los
mitos es el relato de los reyes solares que forzaron el paso de la
cultura matriarcal a patriarcal y el tiempo en que se enmarcan es el
de la propia transición.
2.6. De la tribu a la ciudad. La ciudad sustituye la
relación consanguínea por la territorial, demos
significa circunscrip-ción territorial. La ley de la ciudad es
pública, y escrita, obliga a todos y sustituye a los mitos en
su papel de regular, pero no será hasta en Roma, donde Marte,
dios de la guerra, revestido de ingeniero y de abogado, cobre una
prestancia que en Grecia no tuvo jamás.
La presión demográfica, debida a varias
causas y, entre ellas, la ciudad, obliga a fundar colonias (graneros)
en el extranjero. Las colonias, o nuevos territorios conquistados por
la fuerza, no deben segregarse de las metró-polis, para lo
cual se impondrá el dios de la ciudad-madre (uno sólo,
el principal, no conviene dar lugar a otros dioses distintos) en
sustitución de los dioses (valores) nativos. El tráfico
marítimo consiguiente da lugar al comercio que, remedando al
extranjero exógamo que compite por la corona en la tribu que
lo acoge, será realizado por los "extranjeros"(47).
Si hubiera que resumir la esencia de la ciudad en un
solo término, se diría que es el anonimato (fuera
nombres). Y anónimas serán las sociedades en las que se
concentre el capital. El anonimato es un espejismo para una
soñada libertad. En la Ciudad se experimenta lo que luego
será Estado.
T.C.Lewellen expone cinco teorías que explican el
origen del estado(48), olvidando la primera y principal. Según
este autor unos lo basan en la guerra, otros en la propiedad privada,
otros en las obras públicas (hidráulicas), otros en la
presión demográfica y otros en la necesidad de una
fuerza burocrática centralizada para defender las clases
estratificadas en su explotación de la fuerza laboral,
omitiendo, repetimos, el motivo principal, algo previo sin lo cual
las demás razones no podrían haberse impuesto, a saber,
según Bachofen (1.861): que "el Estado se basa en la
superación del derecho maternal"(49).
Y así fue cómo el varón, que ya
venía ejerciendo como caudillo de un ejército
profesional, o como chamán de los rituales mágicos (en
principio por la caza cuyas armas fabricaba) y de la medición
de los solsticios, se irrogará el atributo de todas las
funciones político-económico-sociales, el gobierno, las
leyes, el vaticinio, el arte, la medicina, el deporte, la escritura,
el comercio..., arrinconando a las mujeres en labores funerarias y
domésticas. Es el semen del varón el que procrea, el
útero de la mujer es un simple depósito, es Apolo quien
lo dice(50). En un intento de usurparle a la mujer hasta la
maternidad, Zeus engendra a Atenea en su cerebro y a Dióniso
en su muslo. El misógino Apolo cobra protagonismo como
ideólogo censor del nuevo régimen.
___________________
2.7. Pero si todo ello pudo dar al traste con el sistema
matrilineal, fue gracias a que pudo apalancarse en un punto de apoyo
que desbancó a la mujer de su poder natural en la sociedad: el
matrimonio, más eficaz de lo que su propio inventor pudo
imaginar. Nos centraremos en un punto neurálgico, el destierro
de la novia a la tierra del varón, donde sus mitos y rituales
no la protegían.
Si sabrán los mitos explicar lo que nos dicen,
que para que los dorios pudieran colonizar las tierras de los
pelasgos, la solución fue "sacarlos de su tierra": los nativos
resultaban ser gi-gantes (Gea-ginos: engendrados de la tierra, o sea
nativos) en su territorio, pero no fuera de él. Así
pues, a los jonios los desplazaron al otro lado del mar Egeo. Cuando
los gigantes se rebelaron contra el dorio Zeus, hubo que matarlos
cogiéndolos del cuello sin que tocaran el suelo,
desplazándolos después en vilo fuera de sus tierras,
pues si volvían a tocar "su suelo", renacían. El
trabajo de Héracles con el león de Nemea lo ratifica:
el héroe solar dorio por excelencia tuvo que matar al
león manteniéndolo en vilo, pues si tocaba con sus
patas el suelo, no moría. ¿Puede contarse mejor?
Pues bien, cuando el mito griego quiere dejar constancia
del momento relevante en la institución del matrimonio, nos lo
cuenta con las pinturas en los vasos o con la historia de
Penélope y Ulises. Fue Odiseo el primero que, en los mitos,
exige a su pareja que abandone su territorio espartano familiar. En
cuanto a las pinturas en cerámica, F.Lisarrague describe
magníficamente la salida de la novia, arrancada de su propio
territorio (familia) para exiliarse (procesión nocturna en la
que la madre de la novia porta antorcha) a una tierra extraña,
como tema frecuente de decoración(51).
Dos inmediatos corolarios (sobre el matrimonio de
naturaleza genuinamente patrimonial):
-1: si a los hijos la madres les pusieron nombres, los
padres les pusieron apellidos. Y por si queda duda, el primer
apellido será el nombre del padre, en cuanto que "hijo de:
-vich", entre los ortodoxos, "Ben" entre los musulmanes, "Mac" en los
irlandeses y escoceses, "-ez" para nosotros...;
-2: la dinastía, la herencia patrimonial y de
status, el linaje. Es la filiación patrilineal la que ahora se
impone, una vez que el padre de su hijo sabe que lo es, o así
lo reconoce, asegurando(?!) la filiación consanguínea
en la herencia de sus "padres", causa y efecto de la propiedad
privada.
(Fortes insiste en la inestabilidad de los linajes(52)
-contra la estabilidad, podría añadirse, de la tribu
durante más de dos millones de años-, tanto a nivel de
la familia como del grupo social. El ingenioso trabajo de
Lèvi-Strauss sobre la familia, en el que expone que la
institución del matrimonio entre "primos cruzados", y no
"primos paralelos", demuestra la presión de la gran familia
social sobre la familia nuclear para que ésta, al constituirse
como unidad económica de producción, en cada
generación tenga que salir de su propia familia, asegurando
con ello la superviviencia tanto de la gran familia social como de la
propia unidad familiar(53), no explica el origen de la
institución del matrimonio, sino que lo da por supuesto, pues
parte de él)
Nadie puede negar los benéficos efectos del
cambio de cultura, desde la abolición de sacrificios hasta el
descubrimiento del ADN molecular. Pero no se debió renegar de
valores ancestrales que nos habrían podido preservar de otros
efectos, no menos innegables, de la nueva cultura patriarcal como son
la neurastenia, la soledad(54), la desigualdad económica y
social, el despotismo de un Estado religioso (terrorismo de
conciencia) y opresor, la violencia gratuita y tantos otros
más(55).
___________________________
El valor del dinero es tal que se convierte en
patrón de la moral y hasta personajes como Santa Claus
comercian con "ser buenos", véase Wolf, E.R., Santa Claus:
notas de una representación colectiva (1964), en LECTU-RAS...,
pág.671.
La domesticación de la mujer "doméstica"
es inducida en las mentes femeninas desde su más tierna
infancia, véase Barry, R./B-acon, M./Child, I, Una
revisión transcultural de algunas diferen-cias de sexo en la
socialización (1957), págs.675/686.
Ellos se hicieron zorros, a ellas las volvieron
gallinas(56) ¡vae victis! y los metieron juntos en el mismo
gallinero, el matrimonio(57), con los consabidos ginocidios. Y no es
que maten por violentos, sino que el propio sistema de la familia
monogámica provoca la violencia(58), que se proyecta luego a
la sociedad en general(59). En el colmo del ensañamiento, si
la cárcel del matrimonio fue un tormento, peor aún fue
conseguir que la tortura fuera ansiosamente deseada por la
víctima.
Como aventura Lèvi-Strauss en su trabajo Raza e
Historia(60), la cultura se desarrolla por dialéctica con
otras culturas. Ahora que parece que llegamos a la "aldea global",
tendremos que inventar dialécticas culturales que estimulen a
la nuestra desde dentro, ¿y qué mejor dialéctica
que la de sexos? Fecunda, al menos, será. El varón en
el poder y religioso nos ha hecho criminales en la
distribución de la riqueza y en la conservación de la
naturaleza (¡oh, madre Gaia Tierra!), neurasténicos,
solitarios, paranoicos, y si bien puede argüirse que estos males
en todo caso habrían acontecido, no puede negarse que se han
dado en la cultura patriarcal y que no lo hemos sabido evitar ni
remediar.
Antropólogas como Kaberry, Sacks, Sanday,
Mathews, Sexton, Leavitt, Kaberry, Weimer... han marcado ya la
derrota de una nueva singladura(61). ¡"Antropólogas de
todo el mundo, uníos!", que la labor que nos espera es ardua
pero gratificante. Sólo ellos, los antropólogos
pusilánimes, pueden plantearse la duda sobre si deben o no
tomar partido, comprometerse con la sociedad. Entre nosotras no caben
titubeos. Sólo proponemos en una sociedad laica(62) y, abolida
la institución del matrimonio monogámico -se desmorona
solo, se está pudriendo ya-, que la mujer, para empezar, se
haga cargo de dos cosas solamente: de las crías y del poder.
Las tareas más excelsas, el arte y la ciencia, ya las
compartire-mos. Por ahora, jueguen ellos con ellas, que el tiempo que
les sobre se lo permitirá.
Y apoyamos a Peacock cuando dice que nuestro campo de
estudio más que la ciencia es el arte(63) al tiempo que
propugnamos, en la nueva etapa menos "paternal" a cuyo advenimiento
hemos de contribuir, que el mito sea reconocido como fuente fidedigna
de la ciencia de la Antropología. Amén.
___________________
BIBLIOGRAFÍA REFERENCIADA
© 7.211/98 (SE)
Copyright © 2003 María José Martín. Todos los derechos reservados. Se permite difundir, citar y copiar literalmente los contenidos de los documentos en esta web, de forma íntegra o parcial, por cualquier medio, siempre bajo los criterios de buena fe, para fines no lucrativos y citando la fuente.
COMO FUENTE EN LA CIENCIA DE LA ANTRO-POLOGÍA
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